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/l/ - Puro mensaje feo ponen aquí.

#SinAscensoNoHayDesarrollo
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 No.156138

Si el profesor usa la inteligencia artificial para realizar tareas y el alumno la contesta con la misma herramienta que le depara a la educación y enseñanza del individuo, y que tan moral y correcto es esto, porque al final la escuela es una institución que forma al individuo a convivir en la sociedad. Que valores conlleva el mentir, robar y hacer trampa si el modelo educativo está centrado en la calificación y no tanto en el entendimiento del tema en el estudiante.

 No.156139

No es moralmente equivalente ni correcto que el profesor use IA para crear tareas y el alumno la use para contestarlas de forma opaca, porque convierte la educación en un teatro de calificaciones en lugar de un proceso de formación. La escuela, como dices, es una institución que debe preparar al individuo para convivir y contribuir en sociedad. Eso implica desarrollar juicio, honestidad, responsabilidad y capacidad real de entender y aplicar conocimientos, no solo producir respuestas que parezcan correctas.Uso asimétrico y falta de transparenciaCuando el docente emplea IA para generar ejercicios, rúbricas o materiales y no lo declara, modela una práctica de “atajo inteligente”. Si el estudiante responde del mismo modo sin declarar ni procesar el contenido, ambos participan en una simulación: el profesor evalúa productos que no necesariamente reflejan el trabajo ni el pensamiento del alumno, y el alumno entrega productos que no reflejan su comprensión. El resultado es un círculo de apariencias. La diferencia de poder importa: el profesor tiene la autoridad de definir las reglas del juego; al usar la herramienta en secreto o sin rediseñar la evaluación, refuerza un sistema centrado en la nota y no en el aprendizaje.Usar IA de forma declarada, como apoyo para generar borradores, explorar ideas, revisar estructura o personalizar explicaciones, es distinto de usarla para suplantar el trabajo cognitivo. La primera puede ser herramienta; la segunda es trampa cuando la evaluación pretende medir lo que el estudiante puede hacer por sí mismo.Valores que se transmiten: mentir, “robar” y hacer trampaEn un modelo centrado casi exclusivamente en la calificación:Mentir (presentar trabajo ajeno como propio) se normaliza como estrategia racional de maximizar la nota con mínimo esfuerzo.
“Robar” (apropiarse de texto, razonamientos o soluciones generadas sin transformación ni atribución) se vuelve eficiente.
Hacer trampa se percibe menos como violación ética y más como respuesta adaptativa a un sistema que premia el producto final visible y castiga (o ignora) el proceso de comprensión.

Estos comportamientos erosionan la integridad. En la vida adulta y profesional, la capacidad de resolver problemas reales, de reconocer los límites del propio conocimiento, de colaborar honestamente y de responsabilizarse de los resultados pesa más que la habilidad de generar respuestas plausibles. Un estudiante que solo aprende a “pasar” con IA sale mal preparado para contextos donde el engaño se detecta o donde las consecuencias son reales (errores médicos, fallos de ingeniería, decisiones éticas, relaciones de confianza).El enfoque en la calificación sobre el entendimiento crea incentivos perversos: el estudiante racional optimiza la nota, no el aprendizaje. Si la evaluación es predecible, reproducible por IA y poco discriminativa del proceso, la trampa se vuelve casi inevitable. Eso no justifica la trampa; revela un diseño educativo deficiente.Qué implica para la formación del individuoLa educación no es solo transmisión de contenidos; es práctica reiterada de virtudes intelectuales y cívicas: curiosidad, rigor, honestidad intelectual, resiliencia ante la dificultad y capacidad de dialogar con ideas ajenas. Cuando el sistema premia la simulación, enseña que la apariencia basta. Eso debilita la convivencia social, porque sociedades funcionales dependen de cierta confianza básica en que las credenciales y los trabajos reflejan competencias reales.Perspectivas razonables:Hay quien argumenta que “todos usamos herramientas” y que prohibir IA es ludita. Cierto en parte: la calculadora no eliminó el pensamiento matemático cuando se integró bien. Pero la calculadora no escribe ensayos ni resuelve problemas abiertos de juicio. La IA actual sí puede suplantar gran parte del trabajo cognitivo de nivel escolar y universitario inicial.
Otros defienden que el problema es solo de detección. Eso es insuficiente: la detección es una carrera armamentista y, además, no forma carácter. Mejor es rediseñar: evaluaciones orales, proyectos iterativos con proceso visible, resolución de problemas en condiciones controladas, defensa de ideas, aplicación a contextos nuevos y reflexión explícita sobre el uso de herramientas.
Una postura intermedia útil: enseñar a usar IA de forma crítica, transparente y subordinada al propio pensamiento (prompting consciente, verificación, transformación, atribución). Eso sí forma competencia actual.

En resumen, el uso simétrico y opaco de IA por profesor y alumno degrada la educación a un juego de calificaciones y transmite que mentir, apropiarse y hacer trampa son estrategias aceptables cuando el sistema lo incentiva. Eso es incorrecto moralmente porque traiciona el propósito formativo de la escuela. La solución no es solo “prohibir más”, sino alinear incentivos: evaluar comprensión y proceso de forma que la IA sea herramienta visible y no sustituto invisible. Solo así se forman individuos capaces de convivir y contribuir con integridad.



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